¿Cómo evito el rebote en mi dieta?



Con el proceso de reapertura de los negocios y un posible regreso a lo que sea que llamaremos "normalidad", las empresas de dietas no han perdido la oportunidad de recordarnos lo mucho que hemos engordado durante esta temporada. Esto lo hacen, además, asegurándose de avergonzarnos y hacernos creer que tenemos que fingir que nada pasó y "recuperar nuestros cuerpos pre-COVID" (si has estado embarazada, ¿te suena?).


Entonces, te van a empezar a llegar correos de ese gimnasio al que te inscribiste hace años, o las empresas dedicadas a las dietas anunciarán que "la pandemia no es excusa para subir de peso." Te lo vas a creer, te van a hacer sentir mal sobre ti mismx, y decidirás que quieres hacer un cambio. Yo estuve ahí miles de veces también. Decidida a "ser saludable de una vez por todas". El problema es que nunca tenía la "fuerza de voluntad" necesaria. Siempre me iba más o menos así:


Me emocionaba y le anunciaba a toda mi casa que venía un cambio. "¡Prepárense! Esta ya es la buena. No es una dieta; es un nuevo estilo de vida que será más saludable y por lo tanto, se quedará para siempre." A lo mejor decidíamos irnos a cenar a algún lugar o a comprar por "última vez" esas papas de chile y limón que tanto me gustan, porque, una vez iniciado este camino, esas papas estarían "fuera del menú" para siempre.


Empezaba súper bien la dieta. Lxs que me conocen, ya saben cómo soy. Escribía mis menús en formatos bien bonitos, configuraba mi app en el celular donde iba a registrar mis comidas, hacía mi lista de compras y armaba mis planes de entrenamiento (hasta con colorcitos y todo) en mi calendario. Siempre me ha hecho sentir muy segura tener todo bien organizado.


Yo era siempre la "alumna estrella", la verdad. Seguía todo al pie de la letra y me usaban de ejemplo. Me levantaba, a veces, a las 4:00 AM a hacer ejercicio porque no tenía otro momento durante el día. Me pasaba los domingos cocinando para toda la semana para que no me faltara nada ni me diera "tentación" comer algo en el trabajo. Mi pérdida de peso era constante y me iba viendo cada vez más "guapa y feliz", según me recordaban mi familia y mis amigxs. Me veía en el espejo y veía a mis "gorditos" desaparecer. Veía las tallas disminuir: 14... 12... 10. Yo era una inspiración para otrxs. Lo estaba haciendo muy bien. De repente, se me empezaban a antojar cosas "no saludables" que no eran parte de este "estilo de vida", pero sabía que podía controlar los antojos; y sí, lo lograba.


Hasta que ya no lo lograba. No sé qué pasaba y, de hecho, mientras escribo esto, intento pensar en esos momentos de mi vida y están borrados. ¿Qué pasaba entre el "todo perfecto" y el "esto ya valió"? Quién sabe. De repente ya no controlaba tan bien mis antojos. De repente me lesionaba o el ejercicio era difícil de hacer. De repente ya no era la alumna estrella. "Fallé. Carajo. Otra vez."


Y eso no es lo peor, sino que la báscula empezaba a aumentar sus números. El maldito rebote. Ya no me quería pesar. "Ya para qué. ¿Por qué no puedes hacer un esfuerzo bien? ¿Qué no te importa?", me decía a mí misma. Yo veía como los kilos aumentaban y los elogios disminuían. Igual y ya no estaba tan guapa, igual y ya no era tan feliz. Y entonces, esta sensación otra vez: "Maldita gorda." Así me decía. Así me digo a veces todavía.


Me metía a internet a buscar todos los artículos que me dijeran cuál era la dieta correcta porque la anterior no era la correcta para mí. Pero había una. Y así, empezaba el ciclo otra vez. Otrx profesional de la salud, otra forma de alimentarme, otro "secreto bien guardado".

 

¿Te suena esta historia? ¿Se parece a algo que has vivido? Si es el caso, tiene todo el sentido del mundo. Yo no lo sabía pero, en realidad, la única forma de evitar un rebote es no hacer una dieta. Nunca. Y sí, con "dieta", me refiero a cualquier actividad cuyo progreso se mida con la pérdida de peso (ya sea como única medida de progreso o no).


Y es que esto tiene mucha lógica cuando entendemos que, de las personas que hacen una dieta, el 95% recupera su peso (te acuerdas de cómo estoy usando la palabra "dieta", ¿verdad?). Eso quiere decir que mi historia no es de fracaso... ¡es la norma! Además, hasta 66% de las personas aumentan su peso. ¡Con razón estoy más gorda que antes! Con cada dieta, engordaba un poquito más.


Estos números tienen una explicación bastante lógica. A nuestro cuerpo no le gustan las dietas. Nuestro cuerpo está hecho para mantenernos vivxs, y no entiende si estás reduciendo tu ingesta calórica porque quieres caber en unos pantalones, porque tienes que entrar en una categoría del IMC o porque te estás muriendo de hambre. Nuestro cuerpo es increíble, pero no sabe diferenciar eso.


Cuando empezamos a "quemar más calorías de las que consumimos", nuestro cuerpo entra con la artillería pesada: una cantidad de mecanismos de supervivencia que no encajan con la cultura de dietas: empieza a acumular grasa como prevención y disminuye nuestro metabolismo para protegerse. Llamémosles mecanismos salvavidas. ¿La flojera que te daba levantarte a hacer ejercicio? Letargo como mecanismo salvavidas. ¿Los antojos de alimentos altos en calorías? Apetito como mecanismo salvavidas. Y cuando el cuerpo nos ha salvado (botamos la dieta), se intenta volver a regular recuperando el peso perdido (y a veces más, por si acaso esto vuelve a pasar). En esta parte ni siquiera me estoy metiendo en todo lo que emocionalmente y psicológicamente nos está pasando durante este tiempo, pero sí que tiene un impacto importante.


¡Imagínate lo que esto le hace a nuestro cuerpo! Qué trabajo más difícil, ¿no? Claro que el cuerpo se debe cansar, ¿no es cierto? Pues sí... se cansa. El cuerpo se va desgastando, trabajando de más (a lo mejor también sentiste los efectos de esto cuando te fuiste a trabajar a casa durante la pandemia, trabajando de más). El estar en un estigma de peso constante y en dietas contribuye a aumentar nuestra carga alostática, que es el efecto acumulativo de los estresores crónicos en el cuerpo (es decir, cuánto se estresa nuestro cuerpo y cuánto se esfuerza por regularlo). Una alta carga alostática es un predictor para enfermedades crónicas, indepedientemente del tamaño de nuestro cuerpo.


¿Esto quiere decir que podría ser más saludable gordx y sin dietas que gordx y con dietas? Sí.


Entonces, ¿cómo evito el rebote? No empieces una dieta.


Y si alguien te dice que "siendo gordx te vas a morir" o que "no hay forma de ser saludable siendo gordx", pregúntale si hay una forma segura (sin resultados que afecten a tu salud física y mental) y eficiente de perder peso y mantenerlo a largo plazo (a más de 5 años) que esté documentada y probada. ¿Te adelanto la respuesta? No existe.


Me imagino que tendrás muchas dudas y preocupaciones sobre qué hacer al dejar las dietas. En nuestra página tenemos un Test de Alimentación Intuitiva para saber si sigues alimentándote de forma restrictiva que podría ayudarte.


Te espero en mi Instagram para que platiquemos al respecto. Me encantaría saber qué has experimentado con las dietas y si pasaste por lo mismo que yo. Además, allá puedes encontrar mucho contenido que, estoy segura, te va a servir muchísimo en este proceso...


Escrito por Ana Pau Molina



 

Bibliografía: